LOS CARACOLES NO SABEN QUE SON CARACOLES

loscaracolesnosabenquesoncaracolesComo en julio voy bastante bien de tiempo me he permitido hacer un adoslibrospormes. Intenté leerme un tocho, Sinuhé el egipcio, recomendado por mi hermano David, pero no hubo manera, llevaba 50 páginas y no me había enganchado, ya estaba saltándome páginas y eso, cuando me queda poco, es una técnica como otra cualquiera, pero cuando aun quedan 500, no es plan (mejor probaré con el de Matar a un ruiseñor, David, con la novela histórica tengo mis dificultades).

Así que me fui a La Vidriera, mi biblioteca de referencia, y elegí Los caracoles no saben que son caracoles, de Nuria Roca, la de la tele. La chica me caía bien y el título me gustó (no sé por qué los títulos largos me llaman más la atención que los breves).

Es un libro para verano, ligero, a veces previsible, gracioso y entretenido. Me recuerda a las novelas juveniles que mandamos en la ESO para que los chavales lean, que no son muy profundas pero enganchan. Aun con su ligereza, me pareció que Los caracoles tiene aciertos: la protagonista, divorciada, madre y ayudante de producción, hace maravillas para compaginar familia, trabajo y ocio, con los típicos autorreproches femeninos de “casi no veo a los niños” o “ay, qué gorda estoy”, a la vez que se enfrenta al drama, más complejo, de perder a su hermana, a la que estaba muy unida.

Me ha gustado las comeduras de tarro de la protagonista, muy de chica (aunque me molesta que por esas cosas la chica tenga que ir a una terapeuta), de intentar ser una superwoman que puede con todo, algo que una cuando lo piensa con la cabeza se niega a aceptar (¡qué es eso de que una debe cargar con todo, la casa, los niños y el trabajo!), pero hay algo en nuestro interior (el instinto, el cromosoma XX, la herencia genética, cultural o yo qué sé) que nos hace autoimponernos eso, que no deja de ser una equivocación que nos lleva a la frustración y a la infelicidad. Eso está en nosotras, cada vez menos, menos mal, pero hay que ir pensando que somos unos caracoles estupendos que al final siempre llegamos a todo, a la casa, a los niños y al trabajo.

En definitiva, me ha parecido un libro para animarse, para sentirse bien con nuestras contradicciones y para pasar un rato majo sin darle mucho a la cabeza (que para eso ya está la prota).

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