MATAR UN RUISEÑOR

mruiseñorA veces está bien tener cerca a alguien al que le gusten cosas que están en las antípodas respecto a los gustos de uno mismo. Normalmente se establece así un criterio tan eficaz como puede ser otro. “Si El señor de los anillos le gusta a él, seguro que a mí no”, por ejemplo. A mí me pasa con mi hermano David. Lo bueno de que nuestros gustos sean enemigos íntimos es que a veces uno lee libros que nunca leería si el otro no se los hubiera prestado. Eso me ha pasado este mes con Matar un ruiseñor.

Por lo visto en la contraportada de esta edición de bolsillo de hojas amarillentas y polvo añejo que me pasó David, su autora Harper Lee  consiguió el Premio Pulitzer (hasta ahora yo creía que con el nombre de este señor solo se premiaba obras en el campo del periodismo) y vendió millones de ejemplares en los años sesenta. Con este curriculum y tras el fracaso personal que supuso no pasar de las primeras páginas de Sinuhé el egipcio (su otra recomendación), comienzo agosto metiéndome en la casa de los Finch. Familia estadounidense, padre viudo, abogado, dos hijos pequeños, un pueblo de Alabama, años treinta, blancos por un lado, negros por otro. De pronto, me veo en un juicio, de esos americanos, de los que molan, de los que una estudiaría Derecho sólo por ser capaz de crear esa oratoria, donde el fiscal hace un interrogatorio tremendo que condenaría a cualquiera pero dos páginas después el abogado le da la vuelta y entonces te parece que cualquier jurado le declararía inocente. Y esos alegatos finales, que ponen la piel de gallina, porque realmente luchan por un mundo mejor, donde todos tengamos  los mismos derechos y las mismas oportunidades.  Aun así, se tuerce y todos lloramos, Jem, Scout, Calpurnia,… Pero Atticus no se rinde, piensa en la apelación, piensa en que el fracaso fue un poquito menos fracaso porque por primera vez un jurado delibera durante horas (y no solo unos minutos) en que un negro es inocente a pesar de ir contra la palabra de un blanco. Y entonces el blanco se siente rabioso y el negro perdido mientras pasan los días a la espera de una segunda oportunidad.

Lo cuenta Scout, la hija de diez años, con la sensatez terrible de la infancia que no entiende cómo funciona tan mal el mundo donde un inocente sufre la injusticia de los otros por ser negro. He leído en la wikipedia que es una novela que se lee en muchas escuelas estadounidenses por su tratamiento de la injusticia racial. En tiempos de Obama, debería parecer una historia obsoleta, porque ya hemos oído que lo del color de la piel ya lo tienen superado. No sé, igual habría que convencer a Harper Lee de que dejara su retiro de cinco décadas para escribir su segunda novela, igual habría que convencerla de que la ubicara en Damasco.

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