PURGA

la foto La relación entre mujeres siempre es un buen tema para una historia, más que nada porque suele conllevar conflicto y, si hay conflicto, uno no se aburre. Purga cuenta una historia de Aliide, anciana de Estonia (¡qué sé yo de Estonia!), y Zara, una joven rusa. Los caminos de ambas están llenos de fatalidades, desgracias, penas, dolores, traumas y motivos para olvidar, la primera por la guerra y una dictadura soviética, y la segunda, por el tráfico de mujeres y la prostitución. En fin, toda la negrura que tanto desconocemos de algunos países del Este de Europa (¡ay, Europa!¡Tan cerca y tan lejos tantas veces!). Sus caminos se cruzan en el jardín de la anciana una mañana que la joven aparece muerta de frío, miedo y desesperación. La incertidumbre se instala en los personajes (¿me robará? ¿la dejo entrar? versus ¿me ayudará? ¿me creerá?) y casi es lo que más suspense crea en esta novela de 380 páginas, que he devorado en cuatro días (un poco por cumplir con mi alibropormes, un mucho porque me picaba constantemente la curiosidad del qué pasará).

Sin despreciar a Zara ni al logrado retrato de ese mundo tan cruel que envuelve al tráfico de mujeres y la prostitución, el personaje que me ha cautivado es Aliide y esa infelicidad que arrastra desde que el hombre del que se enamora elige a su hermana, la que siempre hace las cosas bien, la guapa, la deseada, la perfecta. Cómo surge del amor el rencor hacia todos, incluso a aquel que ama, y al que, tras desear una y otra vez, encierra en un cuartucho, cual Barbazul con sus esposas, solo para sentirse un poco dueña de lo que nunca podrá tocar.

Es curioso cómo la literatura refleja esta situación entre hermanas, que llegan al rencor y al odio por no lograr el amor de aquel que eligió a la otra, con la que encima compartes genes, padres y casa. No sé si es real, no tengo hermanas y no he vivido esta situación en hermanas amigas o conocidas, pero me temo que algo de real debe haber cuando lo vemos en la ficción (La casa de Bernarda Alba, sin irse del país- esa Martirio chivándose de que su hermana Adela está con Pepe el Romano-). O al menos en determinadas circunstancias, cuando no hay otra vía de escape que tu propia familia, cuando te enfrentas una y otra vez al dolor y además este se queda dentro porque ¡a ver a quién se lo vas a contar! Entre hermanos sería distinto, los hombres siempre han podido tener otra oportunidad, irse lejos y empezar de nuevo, pero nosotras, pobres, encerradas en la vida familiar, solo podías tejer una telaraña de rencor y dolor con la que envolvernos a nosotras mismas o, peor aún, a los demás. De esto puede que venga ese tópico de víboras entre nosotras, que igual es verdad, igual no lo es tanto y es sólo la consecuencia natural de siglos sin optar a otros mundos cuando el familiar no brinda felicidad.

En definitiva, Purga es muy recomendable, sobre todo para aquellos que en la comida familiar del 25 de diciembre os preguntabais por qué éramos tan malas entre nosotras y os contestabais que es mejor no meterse en ese jardín. Aún no lo sabía, pero ese jardín era el jardín de Aliide.

 

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