EDUCAR CON TODAS LAS LETRAS

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Soy muy reacia a libros de pedagogía o de autoayuda o, en definitiva, libros que intenten influir descaradamente en la conducta del que lo lee. Pero este libro me lo recomendó Arancha, orientadora del centro educativo donde trabajo y, sin embargo, amiga (que nadie me entienda mal pero, debido a varias experiencias profesionales relacionadas con los orientadores/psicólogos de los institutos donde he trabajado, creía que eran gente de mucha palabrería técnica y poca acción, hasta que conocí a Arancha, que es justo lo contrario, poco tecnicismo y mucha acción).
Educar con todas las letras, según mi orientadora favorita, ha cambiado su enfoque en casa y en el trabajo. Así que, como ambas somos madres en etapa de crianza y trabajamos para los mismos, enseguida vi que había que leerlo. Este libro tiene apenas 80 páginas que se leen en una tarde. No dice nada que nuestro sentido común nos niegue o nuestra intuición nos contradiga: que los gritos no sirven y además empeora la situación, que hay que actuar desde la tranquilidad, que somos emoción y luego pensamiento, y que si uno está bien consigo mismo, será más fácil educar y relacionarse con los demás. Hasta aquí nada nuevo.
Sin embargo, Carme Timoneda, su autora, tiene la capacidad de ser práctica: a través de casos concretos, nos ofrece pautas para cumplir este enfoque pedagógico tan sensato. Es decir, si tu hijo se niega a comer el pescado, cómo podemos actuar para no hacer de esto un episodio trágico a la altura de Hamlet. Digo negarse a comer pescado como podía decir cualquier otra cosa cotidiana que nos saque de quicio y que muchas veces nos hacen recurrir al grito y la histeria porque son las nueve, llevamos todo el día sin parar y en el trabajo hoy no ha sido un buen día, actuando así en contra de nuestra sensatez.
Seguramente seguiré cometiendo errores después de leer este libro, porque esto de educar es muy complicado y agotador. Pero cada vez seré más consciente de los errores y también de los aciertos. Cada vez educaré con una letrita más, poco a poco, así hasta llegar a hacerlo con todas las letras. Porque, como dice al final Carme Timoneda, ellos (tus hijos y los míos) se lo merecen todo.

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