Legado en los huesos

legadoenloshuesosA veces a un libro le sobran páginas, o quizás mejor dicho, a un lector le sobran páginas de un libro. De las quinientas y pico de esta novela yo habría saltado por encima una centena. ¿Por qué? Porque no disfruto de los dramas internos, sobre todo de los femeninos referentes al “qué mala madre soy porque marcho a trabajar”. No soporto esa idea de autotortura que aún en estos tiempos se supone que tenemos las mujeres casi como si quisiéramos ser elegidas para sufrir más que los hombres ante el mismo papel (que ellos también son padres, digo yo).
Amaia Salazar es un personaje interesante: policía, de las mejores, mente despierta y ágil, que se enfrenta a cualquier macho alfa que la desprecie por ser mujer o por cualquier gilipollez de ese calibre, con una autoestima fuerte, sana en lo profesional, se nos quiebra como una hoja cuando deja a su hijo al cuidado de otros (su marido, además- otra idea que no soporto, la de que el progenitor no esté capacitado para dar biberones, cambiar pañales o mecer a su propio hijo con relativo éxito-).
Es una pena que la novela se pase páginas hablando de esos sentimientos de frustración autoimpuestos por la protagonista, porque el caso está bien: una serie de presos se han suicidado dejando un mensaje para Amaia Salazar, todos ellos, además, están relacionados con muertes violentas donde a los cadáveres les han cortado un brazo, que no aparece por ningún lado y de cuya amputación no se hacen responsables los asesinos procesados. El caso atrapa, al principio muy lentamente por culpa de la paranoia de nuestra inspectora-madre, algo que se salva si se aguanta hasta la mitad del libro porque el ritmo se acelera y se pone realmente interesante al final. La acción se dispara como en una buena peli de acción donde cruzas los dedos para que pillen al malo de una vez.
Supongo que no es fácil escribir una trilogía, sobre todo la segunda entrega, que no tiene la frescura del primero, donde todo es nuevo y hay que presentarlo, ni la determinación del último, donde hacer un buen final supone echar toda la carne en el asador sin tener que guardar nada en la manga para el siguiente. Dolores Redondo escribe una buena segunda parte, totalmente recomendable si te ha gustado la primera y seguramente te anime a leer el tercero. Sólo espero que en el tercero nuestra chica no pierda el tiempo con la tontería de que es mala madre por ir a atrapar a los malos, de hecho espero que se dé cuenta de una vez de que su hijo será el que mejores historias de padres cuente en el patio del colegio.

 

 

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