CIA PERÚ, 1985

ciaperu1985Cuando estoy en el extranjero no puedo resistirme a entrar en una librería y llevarme libros. Aunque en plena era de la globalización comprar libros on line te libra de cargar con una maleta que sufre de sobrepeso innecesario, encuentro un extraño placer en hurgar en las estanterías de una librería, descubrir portadas y contraportadas, autores y títulos, que de otra forma no hubiera descubierto. Estuve en el Perú y descubrí historias nuevas (lo que me dejaron, allí los libros están plastificados, así que no pude hacer la prueba del buen comienzo, me tuve que conformar con la de portadas y contraportadas).

Una de esas historias nuevas es una novela breve, de apenas 113 páginas: CIA Perú, 1985 de Alejandro Neyra. Cuenta con una portada bastante horrorosa, donde, sobre un fondo amarillo huevo aparece la foto en blanco y negro de Abimael Guzmán (líder de Sendero Luminoso). Sin embargo, en la contraportada aparece un joven Alejandro Neyra de amplia sonrisa (eso siempre es alentador) y una síntesis argumental en la que se inserta al espía austríaco Malko Linge en medio de un Perú caótico, al que visita el Papa, Sendero Luminoso cerca y una crisis económica atenaza. Cuando hay espías hay acción, y esa historia reciente del Perú con Sendero Luminoso es tan tremenda, que pensé que igual podía aprender algo. Acababa de visitar el Museo de la Nación de Lima, donde en su sexta planta hay una exposición fotográfica dedicada a este conflicto interno que sufrió el Perú, exposición basada en informes elaborados por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), donde se analiza las circunstancias, causas y culpables de los años más sangrientos del país, y donde hay leña para todos, para los terroristas, para los gobernantes, para los que ignoramos el problema, … Tal vez esta conclusión no sea la de todos los peruanos, pero es digno de alabar el hecho de haber investigado lo que pasó, haberlo dado a conocer y exponérselo a los que no sabemos en toda su crudeza. Como vengo de un país donde aún andamos discutiendo quién tuvo la culpa de la guerra civil y si es conveniente o no desenterrar fosas comunes a petición de familiares que ansían enterrar a los suyos dignamente, siento envidia del Perú, que puede que sea una vaina de país, como dice Malko Linge, pero al menos son capaces de enfrentarse a un pasado negro, lleno de dolor, desaparecidos y muertos, e investigarlo para así asumirlo y evitar que se repita.

En esta novela, un joven diplomático ha de recibir al espía Malko Linge en el aeropuerto el 1 de enero de 1985 a las 00:40, con lo que el pobre pierde la oportunidad de ligarse a la chica que le gusta en la fiesta de fin de año. A cambio, conoce a Malko, con el que aprenderá a abrir los ojos, mientras consiguen llegar a Abimael Guzmán, convencidos de la teoría de los seis grados de separación (esa que dice que puedes llegar a cualquier persona por medio de otras seis que se conozcan entre sí). Evidentemente, Malko tiene muchas más armas que esta teoría: es seductor, inteligente y tiene dólares a tutiplén. El Perú de los años ochenta también es terrible, sobre todo en las aldeas, incluso para un tipo duro como Malko, que al final se va con la sensación de no haber hecho gran cosa por él.

La historia se lee rápido gracias a ese narrador en primera persona, que está a medio camino entre el pardillo que acaba de aterrizar en un trabajo nuevo y el descreído irónico que ve el Perú como algo que no tiene arreglo. Y es que es tan difícil ser espía… casi tanto como ser peruano.

 

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