La suerte de los irlandeses

lasuertedelosirlandeses Me recomendó La suerte de los irlandeses mi buena amiga Juli en una de esas cenas que tengo el placer de compartir (menos veces de las que quisiera) con mi grupo de exopositoras-compañeras-amigas que me aportan un chute de alegría muy terapéutica. Lo estaba leyendo ella y lo puso tan bien que me lo compré.

La novela está protagonizada por Pat MacMillan, agente español de ascendencia irlandesa que trabaja en el CNI con sus propios métodos, un tanto brutos, un tanto ilegales. Mac no es nada diplomático, dice alguna palabra educada entre una ingente multitud de tacos, bebe un montón, fuma como un carretero, pero tiene buen corazón y sentido común, así que indudablemente una cae rendida a los pies de este chico malo.

La trama engancha desde el principio: Mac se va de año sabático pero en el último momento su jefe, el Zorro, le convence para que averigüe quién es el topo de ETA que está infiltrado en La Casa (el CNI, para el que no trabaja allí) poniendo en peligro la seguridad nacional. El arranque es el típico de película de acción americana, un tanto manido pero efectivo. Una devora líneas enganchada a ese personaje, que lo cuenta desde su propio pellejo, el de un hombre con un pasado doloroso del que ha remontado después de quedarse sin esposa y sufrir una depresión feroz. La historia nunca para y eso me encanta, pero en ocasiones me parece que cae en escenas melodramáticas que no pegan nada con el chico malo esbozado. Sin embargo, el final sorprende y eso siempre es de agradecer.

El autor nos deja una nota al final de la novela, en la que dice que espera que el libro haya sido entretenido y que en alguna medida nos haya incitado a pensar que lo que pasa muchas veces no es lo que se nos cuenta. Eso lo consigue J. L. Rod, porque las páginas vuelan entre los dedos y además el giro final te hace ver que no sabemos nada de cómo funcionan instituciones como el CNI ni de qué métodos se usan en la lucha antiterrorista. Pero aún así me quedó con la impresión de que le falta algo. Le falta conmoverme. No es que sea vital pero me hubiese gustado que, después de disfrutar tanto con esta historia, me hubiese emocionado algo más.

Concluyendo, leería otra de este irlandés sin dudarlo, porque he disfrutado un montón con Macmillan y su suerte. Una suerte extraña, pero cautivadora. Nada que ver con la suerte de las exopositoras-compañeras-amigas, una suerte normalita pero feliz.

 

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