Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión

la foto(3)Este libro de título kilométrico es un libro de verano. Llámole libro de verano a aquel cuya lectura es ligera; su argumento, un enredo; sus personajes, simpáticos y cotidianos, y, por supuesto, su final, feliz.

Esta novela de Mamen Sánchez es la historia de Cecilia, recién divorciada porque su marido la deja a los 43 años. No sufre mal de amores- nunca se quisieron del todo- pero sí una depre postmatrimonio de esas en las que se para la vida y te pregunta “¿y ahora para dónde tiro?” Nuestra prota opta por mudarse a la antigua casa de sus abuelos, abandonada a su suerte tras la muerte de estos, y decide rehabilitarla para instaurar allí una pensión para universitarias. Aquí entra el albañil, Andrés Leal, hombre rudo pero con el trato se vuelve interesante. Hasta aquí todo previsible y muy veraniego: se enamoran, la vida les da una segunda oportunidad, blablabla.

Lo que diferencia este libro de otros libros de verano es la aparición de los demás personajes: las tres estudiantes, tan dispares como seductoras, la cándida Noelia, la exuberante Ivana y la intrépida Catalina; el chico de los recados, el keniata Justice; la hacendosa asistenta, Azucena; los familiares y amigos de las muchachas,… Se construye un mundo cotidiano, en el que hay investigaciones familiares, amores secretos e invencibles, segundas oportunidades, redención y un happy end. Un libro como el verano manda: alegre, entretenido y optimista.

Sin embargo, lo mejor de todo es que en esta pensión de chicas hay unas normas. Treinta y cinco para ser exactos (cada una de ellas da título a un capítulo). Normas normales como apagar luces, ahorrar energía, llegar a la hora o pagar a principios de mes se mezclan con normas anormales, como la que revela el título, normas dictadas con el corazón: prohibido afligirse por causas ajenas al sentido común, se prohíbe arruinar vidas y sueños, se prohíbe lamentarse por aquello que no tiene remedio, se prohíbe perder la confianza en uno mismo, se prohíbe abrir viejas heridas, etc. Evidentemente, se intentan cumplir pero las normas están hechas para romperse cuando la ocasión lo merece, sobre todo las que dicta el corazón, que no hay quien lo entienda en ninguna estación del año, pero en verano aún menos.

 

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