EL PROYECTO ESPOSA

proyecto-esposaLa lógica es tan aplastante que no se puede decir que no valga para nada. Sin embargo, a Don Tillman, profesor adjunto del Departamento de Genética de una universidad australiana, le vale de poco. Como buen Asperger, siempre hace cosas raras a los ojos de los demás, aunque cuando lo explique siempre reluzca una lógica aplastante. En este libro inicia el Proyecto Esposa, puesto que varios estudios científicos concluyen que los hombres casados viven más tiempo y son más felices. Para ello construye un test que sólo pasarán las candidatas ideales. Así no perderá tiempo de su programación semanal en citas inútiles con fumadoras, impuntuales, superficiales, obsesivas, en definitiva, imperfectas.

Graeme Simsion logra de esta manera un arranque brutal con un personaje inaudito (mucho más divertido que el Asperger de El curioso incidente del perro a medianoche) inserto en la búsqueda de esposa de forma racional y científica. Maravilloso. Todo parece previsible hasta que aparece Rosie, fumadora, impuntual, sincera, directa. No encaja en su cuestionario de Proyecto Esposa. Pero se divierte con ella. Luego se meten en el Proyecto Padre, la cosa se complica en una serie de enredos de comedia americana bien hecha, que cuesta trabajo no imaginarse en pantalla de cine.

Es un libro divertido que te deja con la sensación de que no hay lógica para las relaciones humanas y sobre todo para las de pareja. Ilógicas, irracionales y paradójicas. Si, por ejemplo, odias los programas bilingües de la ESO, te enamoras de una profe de inglés que los apoya. ¿Por qué te gusta alguien si no tiene nada que ver contigo? O al revés: ¿por qué no te gusta quien tiene todo en común contigo?  Ni idea. Y mejor que sea así, que no tengamos ni idea de por qué nos gusta quien nos gusta y que no lo podamos evitar con argumentos sólidos, fuertes y objetivos. Es mágico. De las pocas cosas mágicas que nos quedan hoy en día, así que, científicos del mundo, no busquen lógica a la atracción o el amor (que seguro que la hay), no nos lo fastidien, ocúpense de encontrar vacunas y de curar enfermedades, de inventar cacharros que nos hagan la vida más fácil, del teletransporte, pero lo del amor, déjenlo como está, que me gusta más. A mí y a Don Tillman. A mí es fácil convencerme que abrazo el caos con mucho gusto pero a Tillman no se le convence tan fácil. Ha tenido que pasar decenas de cuestionarios, practicar aikido con dos seguratas, realizar decenas de análisis de ADN, viajar a Nueva York, comprarse una americana y un sombrero para parecerse a Atticus Finch, trampear códigos éticos de universidad, quedarse sin llave de laboratorio, comprar entradas para Disneylandia, y cosas así para llegar a la conclusión de que el caos no está tan mal. Ni el amor tampoco.

 

 

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