CUENTOS PARA NIÑOS QUE SE DUERMEN ENSEGUIDA

cuentosparaniñosqueseduermenenseguidaAtraída por el título de este libro y seducida por la promesa de su efecto como si de un tónico milagroso se tratara, adquirí este libro una tarde de octubre acompañada por mi trasnochador favorito. Entrar en una librería con un niño de tres años y conseguir comprar un libro que nos guste a los dos es una ardua tarea que rara vez tiene éxito y que casi siempre resolvemos con la medida conciliadora de comprar dos libros- cada uno elige uno y a correr-. A veces intento convencer a mi víctima contándole de qué va el libro pero a los niños de tres años no se les engatusa con cuatro palabras bien colocadas en una contraportada, estos seres sólo se atienen a las ilustraciones, si les entra a la primera por el ojo, entonces ese libro ya será suyo para siempre, pero si no, hay poco que hacer. Total que Cuentos para niños que se duermen enseguida, de Pinto&Chinto (de Kalandraka- ay, madre, cómo me gusta las cosas de esta editorial-), fue impuesto por la madre autoritaria, que sin duda llevo dentro, en la cesta de la compra.

Como todas las noches, llegan las diez y mi víctima tiene los ojos como platos. Ni rastro de sueño, aunque lo hemos cansado en el cole, en la compra, en el parque, en la piscina, en el patio,… Saco mi nueva arma.

– No, mamá, este cuento tiene mucha letra.

– Porque en realidad son muchos cuentos. (Pongo voz de entusiasta fan de este libro, que aún no he leído, para convencerlo- en la vida todo es cuestión de actitud).

– Yo prefiero el de Rayo McQueen. (He de aclarar que Rayo McQueen es un libro de cinco páginas duras con cinco fotogramas inconexos de la película Cars que alguien le regaló unas navidades, que habremos leído un millar de veces y que me hierve la sangre cada vez que lo abro).

– Pero mira, aquí hay un bombero. (Sigo con mi entusiasmo forzado).

– ¿Un bombero? ¿Dónde? (Esa ilustración me salvó la vida).

Y ahí empezamos el cuento de la señora que desde un balcón llama a los bomberos para una emergencia: sus geranios se están secando.

– Y ahora el de Rayo.

– Pero mira, aquí hay un pirata.

– ¿Un pirata? ¿Dónde?

Y seguimos con el pirata Muchabarba, que naufragó y sobrevivió en su islote porque de su pata de palo creció un manzano.

Y así leímos los 28 cuentos cortos (apenas una cara con una ilustración en la página de al lado). No se durmió hasta las once y pico, como suele pasar, pero esa hora se nos pasó volando con estos cuentos, que rozan lo absurdo, esbozando sonrisas incluso a padres agotados por niños incansables. Niños que notan que este libro no es para ellos, sino para los mayores, pero hacen el esfuerzo de leerlo contigo para que duermas feliz y contento con la cabeza llena de pequeñas historias con sorpresa.

 

 

 

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