PUERTO ESCONDIDO

puertoescondidoConfieso que el mes pasado hice trampa. Había empezado este libro que no me dio tiempo a acabar porque, en fin, el verano es así, parece que tienes tiempo para todo pero en realidad se esfuma como por arte de magia. Me quedaban ciento y pico páginas y pocas horas para acabar el mes. A veces, ante esta situación, me doy el atracón y lo hago entre el día 29 y el 30, pero me estaba gustando mucho Puerto escondido como para despacharlo así, sin más. Por eso cambié de libro, para disfrutar de este un poquito más.

Escogí Puerto escondido por eso de que sale Cantabria, Suances, Hinojedo, Ubiarco, Santillana… Ya se sabe que uno, desde pequeñito, encuentra una satisfacción especial en el reconocimiento así que de vez en cuando me gusta situarme en escenarios conocidos y reconocidos a pie. Y encima es policiaco, qué más le puedo pedir.

La novela combina dos discursos alternativamente: por un lado, la investigación policial de Valentina Redondo, teniente de la Guardia Civil, que se ocupa de la aparición de un cadáver de un bebé que lleva al menos cincuenta años emparedado en Villa Marina, casona que está siendo reformada por un inglés que quiere cambiar de aires y montar un hotelito allí, y, por otro lado, un extraño diario que cuenta la historia familiar de Jana Fernández, una criada que se convirtió en empresaria de gran conservera al casarse con el señorito Ongayo en los duros tiempos de la posguerra. Las historias enganchan paralelamente, de tal forma que cuando termina un capítulo y te cambian de historia, sientes ese “Oh, no, ahora no lo cortes”. Y al final todo se conecta como piezas de un puzzle, como pistas en un caso que, al fin, se cierra.

Me ha gustado, la trama, los lugares, los personajes, sobre todo los personajes. Femeninos, por todos lados. La buena, la mala, la forense, la hermana, todo mujeres, pero realmente no te das cuenta de este conjunto hasta el final porque también hay hombres por todos lados, los investigadores, el juez, el inglés,… pero se quedan atrás. Y eso es tan extraño en una novela policiaca que me empiezo a dar cuenta de que hay una tendencia de escritoras de novela negra con señoras que investigan y señoras asesinas. En Puerto escondido no se descubren mujeres a lo Lara Croft, que es un poco lo que siempre me ha parecido Amaia Salazar en la trilogía del Baztán- que también está bien que haya supermujeres-. Es descubrir mujeres reales sin darse cuenta hasta el final de que es una historia de mujeres, que matan, que mienten, que investigan, que envenenan, que deciden y que se mueven.

Así que, aquí y ahora, me declaro fan de María Oruña, gallega con veranos cántabros a sus espaldas y un ojo estupendo para detectar sitios estupendos para personajes que no paran aunque se equivoquen. Larga vida a Valentina Redondo.

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