Quedaron estas cosas

image  A Luisa, que me descubre libros,

mundos y mil cosas cada vez que hablamos.


Quedaron estas cosas
es una colección de relatos escritos por Mario Camus después de una vida dedicada al cine, lo que probablemente es lo más parecido a vivir múltiples vidas dentro de una sola.

Comienza con relatos como “Un jueves por la tarde”, “El hombre de hierro” y “El tren nocturno”, que parecen retazos de una infancia muy concreta, de tiempos de posguerra, cosas que me podría haber contado mi padre o incluso mi propia abuela (que hoy cumpliría 101 años- más guapa, ella-). Relatos que me gustan precisamente porque me recuerda a ellos.

Sin embargo, los relatos que más me han gustado son el resto, los que derivan de la vida de cineasta, que empiezo a intuir como una vida nada fácil, un oficio agotador desde que nace en la cabeza de alguien que quiere contar algo hasta que la película es proyectada en un cine para disfrute de espectadores que no imaginan jamás la cantidad de horas que han invertido decenas de personas en hacer eso posible. Y eso es gracias al empeño de mucha gente, dispar e interesante, de los que Camus cuenta esas cosas que se le quedaron, como el experto naturalista Aurelio o ese Hansi, que se duerme en la captura de la capra hispánica.

Tras meses escuchando a gente del cine hablar de su trabajo, he comprobado que es un oficio bello, pero que, lejos del glamour en el que se le ha envuelto durante años, lo que le da esa belleza es el empeño de muchos trabajadores vocacionales trabajando juntos. Por ello creo que también es un oficio difícil: uno no lo puede hacer solo y además requiere de mucho tiempo y dedicación hasta que se ve algo en pantalla.

Mario Camus ha vivido mucho cine y eso se nota en su forma de escribir. No sólo por la manera en que lo hace que es muy gráfica- nos ubica bien en el entorno sin aburrirnos a datos y crea intriga ante pequeños hechos anecdóticos-, sino también por lo que cuenta. Esa monja que se ve por primera vez después de 30 años en una de sus filmaciones y llora ante el paso del tiempo en su rostro, esa mujer sentada que es mejor no mirar aunque te mire, ese Paquirri que aún es sólo un mozo que marea reses, ese Henry Ford caminando ante la mirada de cineastas que no se atreven a hablar con él pero que no se cansan de verlo entrar y salir durante días.

Quedaron esas cosas tiene pinta autobiográfica, que puede que sólo sea eso, la pinta. Pero me gusta percibirlo así, como relatos de una vida de cineasta, oficio bello, dispar e interesante, que debe ser lo más parecido que hay en vida a leer miles de libros que te permitan vivir otras vidas. Así que no es extraño que Mario Camus tenga muchas vidas que escribir.

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