NOVIEMBRE LEÍDO: UN PERRO

  
Un perro es una novela rara. De hecho, no parece novela.

No hay acción apenas: el protagonista espera el veredicto del veterinario en una cafetería horas después de que atropellen a su perro. Mientras, llega su madre, después, sus hermanas. Hablan, recuerdan, discuten, callan, se enfadan, se mienten, se descubren en faltas y en aciertos. Vamos, lo que viene siendo una familia. Tan normal todo que durante las primeras páginas estuve pensando en abandonar el libro. 

Sin embargo, no sé qué te empuja a seguir leyendo. Quizás esa madre torpe y mayor que inspira pena, ternura, algo de vergüenza y admiración, todo mezclado de tal manera que no puedo evitar pensar en mi madre, que también es un poco como esta Amalia, de las que cuentan tanto al primero que pasa que nunca estás a salvo del todo a su lado mientras paseamos a su perra.

En fin, que leo y leo páginas a ver si el perro indeterminado del título se salva porque parece ser el único pilar de este prota. Y de repente aparecen las dos hermanas, la obsesa de la limpieza y la taciturna. Cada una con su pena y sin su alegría. Todos allí, en la cafetería, 300 páginas. 

Y sin embargo, descubres personajes complejos con sus traumas, sus taras y su incapacidad de llevarse encima. Estuve a punto de abandonar también por eso, por la negrura tan negra de sus tristes vidas. Pero Alejandro Palomas lo impregna de ternura, de absurdeces graciosas que provocan la risa con los choques de la madre y sus hijos, y me gusta leer Un perro, aunque no sea una novela. Es un algo que te remueve sin moverte del sitio. Y eso es muy difícil y muy catártico. 

Como también lo es ponerle palabras a las cosas. Porque sólo así existen y sólo así se comprenden. Por lo menos a mí me funciona. Cuando no entiendo algo, no puedo evitar darle vueltas hasta que le pongo palabras y en ese momento descanso porque lo entiendo. Y con esa convicción me voy a dormir, para ver si encuentro la palabra que encaje con esta novela que no es novela, es otra cosa para la que habría que inventar un nombre. Uno bonito, tierno y algo absurdo, como Amalia, mi Amalia.

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