MAYO LEÍDO: SECRETOS IMPERFECTOS, de HJORTH & ROSENFELDT

Me he hecho kindleliana esta cuarentena. Estoy más kindleliana que nunca. Suceso extraño, si te paras a pensar que me regalaron el kindle hace cinco años. Una amiga pensó que me estaba perdiendo otra forma de leer y aprovechó que yo acababa de tener a mi hija para regalarme un kindle. Lo probé en su día con un par de libros pero no fue una forma de leer que se asentara en mí hasta esta cuarentena. Le reconozco ventajas (más económico, muchos libros en poco peso, ideal para viajar) pero le falta color y textura al aparatejo. Sensaciones, nada más. Pero son sensaciones que me gustan mucho cuando leo.

Pues hasta que no me han confinado y me han vetado mi derecho a rebuscar en librerías, apenas había vuelto al kindle. Y ahora que he vuelto, le reconozco otra valor: se elige libro de otra manera, menos romántica que la del tacto en el lomo pero curiosa al menos. Elijo por recomendaciones ajenas o por cuestiones totalmente arbitrarias, por la curiosidad que me provoca un detalle nimio de la publicación. Así he leído este mayo El día en que se perdió la cordura, de Javier Castillo, un libro que el autor escribió en el trayecto de casa al trabajo y que autopublicó porque ninguna editorial lo quiso publicar hasta que empezó a venderse como rosquillas en la red. Seducida por este dato tan aliterario, lo leí. No está mal pero me resulta tan sorprendente que se vendiera solo que empiezo a pensar que ese dato es tan ficticio como la novela, pero quién sabe…

 

Mi amiga, la del regalo del kindle, me recomendó a Bergman. Y así llegué a Secretos imperfectos, novela negra sueca, a la que no había vuelto desde mis tiempos de Millenium. Me ha gustado pero he tenido momentos críticos en los que lo hubiese dejado a medias, sobre todo al principio, donde no acaba de arrancar la acción. Una aguanta porque el protagonista, Sebastian Bergman, es tan irritante, egocéntrico e imbécil, que estás esperando a que alguien le dé un guantazo, le zarandee un poco o le manden a la mierda. Sobre todo me alteraba mucho esa faceta de seductor, con la que también aparecía el «Mikael Blomkvist de los cojones» en Millenium (aunque ahí Larsson estuvo tan acertado con el complemento del nombre, que se lo perdoné mucho antes que a Bergman). Luego resulta que el pobre, que es muy listo, es tan desgraciado que le perdonas su forma de ser porque, en el fondo, es un infeliz sin suerte en la vida.

No ha estado mal conocer a Bergman. Igual continuo con el segundo volumen, porque estos suecos saben cómo acabar el libro dejándote con cierta intriga al final, lo que me lleva a pensar que quizás Bergman tenga un atractivo extraño. El Bergman de los cojones.

 

 

 

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