AGOSTO Y SEPTIEMBRE LEÍDO: Atrapa a la liebre, de Lana Bastašić y Eva, de Arturo Pérez Reverte

No pensaba hablar de ninguno de estos dos libros porque ninguno de los dos me ha entusiasmado especialmente. De hecho en agosto no escribí la entrada de Atrapa a una liebre porque esperaba poder terminar otro libro que me gustara más a tiempo. Prefiero leer más y hablar de uno que me haya gustado, que hablar del primero que haya acabado aunque no me haya gustado. No se me arregló: el verano es muy duro y los planes al aire libre son muchos.

Atrapa a una liebre te deja triste, por eso no me ha gustado. En realidad, el argumento es bonito: dos amigas de la infancia emprenden un viaje en busca del hermano desaparecido de una de ellas. La otra, que lleva años exiliada en la Europa burguesa con un novio irlandés y un aguacate, vuelve a su oscura Bosnia natal tras la llamada de su amiga del alma, a la que odia tanto como ama (o incluso odia más que ama). Volver a casa cuando ya no es tu casa también es triste. Buscar a un hermano perdido hace años, también. Y reencontrarte con una amiga con la que , muchas veces, te sientes obligada y de alguna forma humillada, también. Y sin embargo, he pensado mucho este libro, aún después de leerlo. Es tan triste porque apenas inventa, y porque los humanos somos así de desgraciados: siempre buscando algo que, de pronto, de golpe y porrazo, nos haga felices, aunque sepamos que no es real. Pobres idiotas.

Con esa sensación de buscar algo que me haga feliz en la ficción, me paso a Eva, de Pérez Reverte. Arturo no me defraudará. Sidi moló mucho. Eva me lo leeré en un pis pas y me entretendrá maravillosamente. Pero he aquí que me tropiezo con el Falcó más triste de todos (¡oh, desdichada de mí!) en una misión abocada a la muerte de inocentes, en una misión cuyo desenlace fatal se huele desde el principio. Y luego, este Falcó, que se nos está haciendo mayor, más escéptico y sobre todo más melancólico… Menos mal que sucede en Tánger y eso anima algo más. La ciudad internacional, donde se mezclan culturas, idiomas y costumbres, en los años 30. Menos mal que el cotarro lo anima Paquito Araña, un secundario maravilloso, sicario, gay y fascista, una mezcla ingeniosa a más no poder. Así se salva un libro, con Tánger y Paquito.

Total, que han sido meses melancólicos en cuanto a lectura se refiere. Esperemos que el otoño se me dé mejor. O acabaré con depresión de leer tanta realidad.

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