MARZO LEÍDO: Todo sigue tranquilo, de Chusé Izuel

Este mes me ha cundido. Empecé muy reivindicativa releyendo un libro de Millás que había leído cuando tenía veinte años, Hay algo que no es cómo me dicen. La culpa fue de Netflix, que sacó este mes un documental sobre Nevenka Fernández. Recuerdo que entonces me impresionó tanto su caso, me pareció entonces tan injusto como extraordinario. Recuerdo pensar que la chica tuvo mala suerte de encontrarse en esa situación, como si la probabilidad de que un acosador se cruzara en tu vida fuese bajísima. Veinte años después, con el caso de la manada, con el Me Too, lo veo al revés: qué fácil es que te jodan la vida. Lo bueno de ahora es que hablamos de ello con menos tapujos. Creo, no estoy segura, es lo que me gustaría pensar y por eso hago por pensarlo, aunque igual dentro de veinte años descubra, de nuevo, que era al revés.

Después oí en la radio que acababan de reeditar una colección de cuentos de Chusé Izuel, al que, por supuesto, no conocía de nada, pero como me estoy haciendo, con fines pedagógicos, experta en cuentistas, me quedé con la copla. Contaban en la radio que sus amigos habían publicado su obra dos años después de que este se suicidara. A los 24 años.

¿Qué puede pasar por la cabeza de alguien para suicidarse a los 24? Ya tenía pinta de ser un libro pesimista, pero me llama poderosamente la atención su historia. Un chaval que tenía amigos, buenos amigos, que escribía, decide suicidarse en la etapa de la vida donde los amigos, si no lo son todo, son mucho.

Todo sigue tranquilo son relatos de jóvenes en el umbral entre las borracheras de la juventud y el tortazo de la madurez. Beben mucho, fuman mucho, follan mucho también, pero nada parece satisfacerles, llenarles de felicidad. A veces son parejas que empiezan, pero sobre todo son parejas que se mantienen o que acaban o que dudan del otro en mitad de una relación que no quieren pero sí buscan. Hay mucha tristeza en sus cuentos, pero de esa que se lleva bien. Roza lo decadente pero no se regodea. Tiene un punto de humor, ese que todos sacamos cuando todo se va a la mierda.

En fin, que me he echado a la espalda demasiada realidad este mes. De esa que te deja pelín tocada, aunque todo siga tranquilo.

Un pensamiento en “MARZO LEÍDO: Todo sigue tranquilo, de Chusé Izuel

  1. Pues no sé si me animaré, Ana, que, ahora mismo, tristezas las justas. Creo que, a medida que se va renovando el deneí, se va agotando la resistencia a la tristeza. O quizá sea el bicho que nos acompaña desde hace tanto tiempo y, a la vuelta de nada, me veo con este libro entre las manos.

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