LA NUEVA EDUCACIÓN

lanuevaeducación– Te tengo que pasar un libro.

– ¿Es corto? Es que este mes voy fatal…

– Lo lees en dos días.

– ¿Y qué? ¿Te ha gustado?

– Me ha ratificado.

Así lo resumió la mejor AL* del mundo, María. Aparte de hacerme el trabajo mucho más fácil, me da de leer. Y también es amiga, terapeuta, compañera de comidas, cafés y whasapeos varios. Bueno, pues María me dio de leer La nueva educación, de César Bona, ese chico que quedó entre los cincuenta finalistas para el Global Teacher Prize, que es como el Nobel de Educación pero que nadie sabía que existía hasta que este chico quedó entre los 50 mejores.

Se lee rápido, entre otras cosas, porque son capítulos cortos y sobre todo porque este maestro es majete y hasta divertido. O sus alumnos. Hay fotos, anécdotas, ejercicios, experiencias educativas,… Cuenta lo que ha hecho y sigue haciendo con sus alumnos. La cuestión es que, cuando oí la noticia, pensé que este hombre hacía cosas extraordinarias y conseguía maravillas, porque él era algo así como un genio de la docencia. Pero ya lo advierte él a lo largo del libro, no hace nada que no hagan otros, y no en Finlandia o en otros países donde se reconozca la calidad de su sistema educativo, sino aquí, en España.

Y doy fe, doy fe de que trabajo codo a codo con gente como César Bona, que anteponen lo humano al currículo, que, si salta un tema interesante en el aula espontáneamente, lo explota dejando de lado el temario, que cada vez trabaja más la expresión oral porque es la clave de nuestra comunicación diaria, que trabaja con las nuevas tecnologías porque es inútil negar su presencia, que explota la creatividad de los alumnos para que aprendan pero sobre todo para que se mueran de ganas por ir a clase y aprender, que creen que cada alumno merece más que una nota numérica en un boletín. Y es que al fin y al cabo la educación no puede limitarse al conocimiento, porque también somos emociones.

Cuando se habla de educación emocional, muchas veces parece que es el nuevo eslogan de una educación moderna, que deja de lado el esfuerzo, la memoria, el conocimiento, una modernidad de “esas” superficiales, vacías. Pero César Bona lo explica de maravilla: debemos dotar a los niños de herramientas para que logren ser felices. El conocimiento es una herramienta para ello, pero no basta. Si somos emociones, debemos aprender (y enseñar) a vivir con ellas, a gestionarlas, y eso no sale solo. La escuela tiene un gran papel para trabajarlas: la empatía, el trabajo en equipo, la sensibilidad hacia los problemas de la comunidad,… Tenemos el sitio perfecto para hacerlo porque están en grupo y es ahí donde surgen emociones que en casa no aparecen o al menos no de esa manera.

En fin, que me siento reforzada, animada, inflada de optimismo docente y ratificada por el finalista español de los Global Teacher Prize, a los que cualquier día presento un vídeo para que lo gane María (o Pablo o Antón o Luisa o Marina o Ricardo o Javi o Arancha…- no puedo parar, será que la nueva educación ya está aquí…:-).

 

 

*AL es la denominación intramuros que se da en un instituto a la maestra de Audición y Lenguaje, que, aunque forma parte del Departamento de Orientación, refuerza y ayuda a los alumnos en Lengua, Sociales, Naturales y mil cosas más que no caben en esta nota a pie de entrada.

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