Cuando nos repartimos los bares

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Día 31.

18.00 h.

No me da tiempo a acabarme el libro. Reacción en cabreo, que intento automitigar con mis razones para no cumplir con mi propósito mensual (que si los niños, el trabajo, la casa, las vacaciones, … Da pena oírme dentro de mi cabeza).

Fnac. Busco microlibro. Nada de novela. Teatro o poesía. Miro estanterías, siguiendo el criterio tan vago como subjetivo de si el título me gusta o no. Cuando nos repartimos los bares, de Teresa Mateo.

Poemario maravilloso. Sobre el amor, el desamor y el olvido. Mezcla realidad y poesía, a veces como si fuera Lorca, otras como si fueran tuits. Sin ñoñerías, directa al corazón, como me gustan a mí las chicas (también mi casimarido), el amor y los poemas.

Y así volví a la poesía. Empujada por la urgencia y agradecida al destino poético que me ha hecho descubrir a Teresa Mateo, a la que buscaré en Twitter y leeré de nuevo con la calma que merecen sus poemas. Quizás ha llegado el tiempo de leer poesía, y no porque no tenga tiempo de leer libros más largos (que no lo tengo), sino porque la poesía lo vale porque con ella se detiene el tiempo y nos miramos el corazón (tan necesario como bello). Así que os aviso, poetas del 2016, empieza una nueva etapa en este blog, la vuestra. Bienvenidos seáis.

 

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