Diciembre leído: Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo, de Chimamanda Ngozi Adichie

Normalmente no leo cosas en cuyo título aparece la palabra «feminista» o «feminismo » en el título. Creo que me echan (o echaban, hasta ahora) para atrás porque lo asocio a una postura defensiva de algo que es tan obvio que explicarlo me da tanta pereza como explicar que el agua moja. Sin embargo, últimamente oigo cosas, veo cosas, de forma habitual y en diferentes contextos de mi vida, que me hacen preocuparme cada día más por nuestro mundo.

Me explico: cuando tenía 15 años (ahora tengo 39), igual antes, creí que mi generación era la más moderna, la mejor (perdonadme la soberbia, pero nos pasa un poco a todos con lo nuestro). Éramos tan listos que todos, hombres y mujeres, comprendíamos que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres; que las tareas domésticas eran cuestión de todos los habitantes de la casa, independientemente de su género, raza o estatus social; que la crianza es tarea compartida de los progenitores que decidieron emprender tan ardua tarea, y que las relaciones de pareja eran fruto del deseo consensuado y maravilloso de dos personas de estar juntas durante el tiempo y forma que quisieran hasta que una de ellas dejara de desearlo. Pues estas obviedades que yo creí asentadas en mi generación resulta que cada vez son menos obvias. He oído cosas como «eres una señora y no vas a ir a trabajar» (como si las que trabajáramos careciéramos de la dignidad que te dota ser señora de), «esto de la violencia de género es un topicazo» (como si habláramos de que en el sur siempre hace bueno y en el norte siempre llueve), «yo no me ocupo de eso («eso» era el hijo y sus problemas en la escuela), lo lleva mi mujer» (como si la crianza fuese una de las tareas domésticas que te tocaron en el reparto, como si fuera la luz, el gas o el agua), «prefiero estar con él (su pareja) y que me ignore a quedarme sola» (como si el matrimonio fuese nuestra gran meta y la soledad, el fracaso más absoluto de nuestra vida), «¡qué suerte tienes!» como comentario a que mis hijos están al cuidado de su padre (paradero por el que se me preguntó al verme en una comida de trabajo),… y tras un montón de comentarios de este tipo, que florecen tan alegremente en pleno invierno como las pulgas en mi pueblo, entro en una librería de Buitrago de Loyola y veo a Chimamanda Ngozi Adichie con su clarividente título «Todos deberíamos ser feministas», editada por Random House en tapa dura, granaje más que decente y textura deliciosa. La hojeo y la veo tan bella en esa foto de la autora… Una mujer bella con unos ojos grandes de chica lista hablando de algo tan obvio que nadie ha dicho del feminismo.

Y la leo. Y creo que es tan necesaria, tan clarividente, que estoy por regalárselo a todo el mundo.

El primer ensayo es una charla TED (que yo prefiero leer porque mi relación con el inglés es tan frustrante para mí que no quiero que eso emborrone el mensaje de Chimamanda), en la que nos desmenuza las connotaciones tan negativas que tiene la palabra «feminista». Es divertida y brillante cuando habla de que se puede ser feminista y depilarse, feminista y feliz, feminista y no odiar a los hombres, feminista y maquillarse, feminista y llevar tacones, feminista y hombre (hombres del mundo, quedáis tan mal cuando negáis el problema de género y tan bien cuando os implicáis- (ad)mirad a Gabilondo con su «Yo también soy feminazi«-).

El segundo ensayo es una carta a una amiga que le pregunta cómo educar a su hija para que sea feminista, en la toca muchos aspectos: los juguetes, la escuela, el trabajo, el matrimonio, el sexo, la familia, los amigos,… Al principio pensé que podía haberlo extensivo a la educación de hijos, y no sólo de hijas, pero, después de leerlo, creo que la perspectiva es distinta porque nuestro punto de partida no es el mismo y, sin embargo, me gusta mucho cómo Chimamanda incluye a los hombres en la tarea de construir el feminismo, porque es algo que hay que solucionar entre todos. Y hay que hacerlo ya, aquí y ahora.

Os deseo a todos un buen año, feminista y feliz.

3 pensamientos en “Diciembre leído: Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo, de Chimamanda Ngozi Adichie

  1. Soberbio, Ana, como siempre. Suscribo absolutamente todo lo que dices. Soy “ligeramente” mayor que tú y yo también creía que corríamos como locos por el camino de la igualdad, de ahí que ahora viva en el asombro. Y este libro es una gozada, como también lo es el modo en que lo cuentas. Sigue leyendo, porfa. Un beso.

    • Yo lo tengo claro, Seve: tenemos que hacer ya un club de lectura cayonita.
      Muchas gracias, hay meses en que me flaquean las fuerzas con el blog y tus comentarios siempre me animan un montón. Un beso.

  2. Pingback: AMERICANAH – ¡A gusto en el Augusto!

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